Del 11 al 15 de noviembre de 2025, Belém (Brasil) acogió la 30.ª Conferencia de las Partes (COP30) y la Cumbre de los Pueblos hacia la COP30. En este contexto, la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) reafirmó su compromiso con el derecho humano a la educación y con la justicia ambiental, climática y de género, mediante la elaboración de un especial transmedia que reunió los principales debates, reflexiones y experiencias de estos espacios de diálogo y acción colectiva.
Durante la COP30 y la Cumbre de los Pueblos, la CLADE presentó su documento de posición «Por el derecho humano a la educación con justicia ambiental, climática y de género», elaborado con la amplia participación de sus miembros. El documento argumentaba que el cambio climático supone una amenaza significativa y que la educación debe desempeñar un papel central en la preparación de las poblaciones para la acción climática, integrando enfoques de derechos humanos, intersectoriales e interseccionales para construir un mundo equitativo con justicia social y climática.
El documento subraya que la justicia ambiental y climática debe ser un pilar central de los sistemas de educación pública transformadores que cuestionan el modelo de desarrollo dominante basado en la explotación de la naturaleza y la acumulación de riqueza. También destaca que los grupos más vulnerables, que son los menos responsables del cambio climático, son los más afectados, pero a menudo poseen conocimientos cruciales para impulsar soluciones reales.
El 12 de noviembre, en el marco de la Cumbre de los Pueblos y la COP30, la CLADE presentó el estudio «Enfoque de la justicia climática en los planes de estudio nacionales de América Latina y el Caribe». El estudio, presentado por Israel Quirino, asistente de programas de CLADE, analizó cómo los planes de estudio de la educación básica pública en países como Bolivia, El Salvador, Honduras y Perú abordaban el cambio climático y en qué medida incorporaban nociones de intersectorialidad, interseccionalidad, justicia climática, conocimientos indígenas y afrodescendientes, y Educación Transformadora de Género (ETG).

El lanzamiento tuvo lugar durante el evento «La vía educativa hacia la justicia medioambiental: la educación democrática como base de la educación medioambiental crítica y la lucha contra la crisis climática», celebrado en la Facultad de Educación de la Universidad Federal de Pará (UFPA). Organizado por la Campaña Brasileña por el Derecho a la Educación, el evento reunió a docentes, investigadores, activistas, parlamentarios y organizaciones de la sociedad civil comprometidos con el fortalecimiento de la educación medioambiental crítica y transformadora.
Otra publicación clave destacada en la COP30 fue el informe «Educación transformadora de género para la justicia climática: conexiones y acciones de promoción». El informe trató de vincular la educación transformadora de género (ETG) con la justicia climática, resumiendo la bibliografía existente sobre género, desastres relacionados con el clima y el papel de la educación en la reducción de las desigualdades, e identificando las conexiones entre género y justicia climática en los acuerdos internacionales.
El informe adoptó una perspectiva transformadora e interseccional en materia de género para identificar los impactos de los desastres climáticos en la escolarización y el bienestar, en particular de las niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe. Ofreció recomendaciones de promoción para fortalecer tanto la EGT como la justicia climática, posicionando la educación como elemento central para hacer frente a las emergencias climáticas.
El 14 de noviembre, el espacio Casa Futura acogió la presentación del «Glosario de pequeños grandes conocimientos», elaborado por ActionAid. Esta publicación recopiló términos relacionados con la justicia climática, construidos a partir de las percepciones, experiencias y lenguaje de niños y adolescentes de diversos territorios brasileños.
El glosario fue el resultado de un proceso educativo y participativo de tres años de duración llevado a cabo por ActionAid y 15 organizaciones asociadas en siete territorios de seis estados brasileños, incluyendo periferias urbanas, comunidades rurales, tierras indígenas y territorios quilombolas (comunidad afrobrasileña). A través de talleres en los que se utilizaron palabras y dibujos, los niños crearon colectivamente significados para conceptos como «racismo medioambiental», «agua», «saneamiento» y «vivienda», lo que reforzó su autonomía y su conciencia crítica sobre los derechos y los territorios.

El 14 de noviembre, CLADE, junto con el Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe (CEAAL), convocó un círculo de conversación titulado «Educación popular comunitaria en la Panamazónica: territorios sostenibles, incidencia política y soberanía alimentaria en las agendas educativas y climáticas». El evento, celebrado en el marco de la Cumbre de los Pueblos, fue la continuación del Foro Social Panamazónico (FOSPA), celebrado en septiembre en Bogotá, Colombia, donde se compartieron experiencias y campañas en torno a la soberanía alimentaria, las transiciones justas y la defensa territorial.
Los participantes debatieron cómo la defensa del derecho humano a la educación en los territorios amazónicos requería una educación popular, intercultural y comunitaria comprometida con la justicia ambiental y climática, la transformación de género y la superación de las desigualdades. Como destacó Israel Quirino, la educación en la región era tanto víctima de los fenómenos climáticos extremos como un motor clave para superar la crisis climática.
A lo largo de la COP30, las voces de los jóvenes y los indígenas ganaron visibilidad en Belém. Carolina Rodríguez Polo, una joven voluntaria de Cartagena (Colombia) y miembro de la red Generación 21+ de Fe y Alegría, destacó que la educación debe ser un pilar central de la respuesta global a la emergencia medioambiental y de los esfuerzos para empoderar a los jóvenes como agentes de cambio.
La Asociación Latinoamericana de Educación Popular y Comunicación (ALER), miembro de CLADE, organizó la cobertura mediática sobre el terreno de la COP30 y la Cumbre de los Pueblos, incluyendo programas como «Voces de la Panamazónica», «Programa de tarde sobre la participación de los jóvenes» y «Programa de tarde sobre las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC)». El artículo de opinión de la ALER «COP30: Todo indica que las negociaciones gubernamentales y las posiciones de la sociedad civil van en direcciones opuestas» alertaba sobre la presencia de 1602 delegados con vínculos declarados con los sectores del petróleo y el gas y destacaba que la marcha mundial movilizó a más de 3000 personas en las calles.

Para muchos pueblos indígenas, los debates sobre los mercados de carbono y los créditos forestales fueron un recordatorio de por qué confiaron en la demarcación y protección de sus territorios como la vía más eficaz para encontrar soluciones climáticas. Su mensaje en Belém se centró en la justicia climática y la transición para abandonar los combustibles fósiles, en lugar de en mecanismos de compensación financiera que podían socavar sus derechos y sus tierras.
En conjunto, estas iniciativas demostraron cómo los actores educativos, los movimientos sociales, los pueblos indígenas, las comunidades quilombolas y los jóvenes de toda América Latina ya estaban tejiendo alternativas concretas a un modelo de desarrollo injusto y extractivo. Arraigadas en los territorios y en la experiencia vivida, sus demandas en Belém apuntaban hacia un futuro en el que la educación pública, gratuita, inclusiva y transformadora en materia de género desempeñara un papel decisivo para garantizar la justicia ambiental y climática, proteger los derechos y sostener la vida en el planeta.