El Día de los Derechos Humanos se celebra cada año en todo el mundo el 10 de diciembre. Conmemora el aniversario de una de las resoluciones mundiales más innovadoras: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este año, el tema del Día Internacional de los Derechos Humanos, «Nuestras necesidades básicas cotidianas», reafirma que los derechos humanos no son principios abstractos, sino los cimientos de nuestra vida cotidiana. El tema de 2025 destaca los derechos humanos como algo positivo, esencial y alcanzable. Una cultura de derechos humanos es, en última instancia, una cultura de igualdad, dignidad y justicia.
En un momento caracterizado por la escalada de conflictos, las emergencias climáticas, las amenazas a los espacios democráticos, la reducción del espacio cívico y los movimientos coordinados contra los derechos y el género, la Campaña Mundial por la Educación (CME) acoge con satisfacción este tema y subraya que la educación es uno de los derechos humanos más esenciales. Es una oportunidad para recordar que la educación no solo es una obligación legal fundamental de los Estados, sino también un derecho que permite la realización de todos los demás derechos humanos y el pleno cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El tema nos permite compartir una poderosa síntesis de lo que hemos estado enfatizando desde la fundación de la CME y a lo largo de 2025: sin una educación equitativa, pertinente y financiada con fondos públicos, las sociedades no pueden avanzar en la igualdad de género, la justicia climática, la salud, la protección social, la paz o la participación democrática. La CME ha llevado esta perspectiva intersectorial de manera coherente a los foros mundiales, insistiendo en que la educación no está aislada de otros derechos, sino que está profundamente entrelazada con ellos.
En el Foro Político de Alto Nivel (FPAN), hemos demostrado repetidamente cómo la implementación de la Agenda 2030 depende de la plena realización del ODS 4. También hemos subrayado la importancia fundamental de la educación para la igualdad de género, la salud mundial, la superación de la pobreza, la reducción de las desigualdades y la promoción del trabajo decente, entre otros.
Durante la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo (FfD4), unimos fuerzas con el sector de los servicios públicos en general para mostrar cómo el abuso fiscal, la austeridad, la deuda y la privatización socavan no solo la educación, sino también el progreso en todo el marco de los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Hoy en día, más de 46 países en desarrollo gastan más en el servicio de la deuda externa que en educación, lo que deja a millones de personas sin acceso a sus necesidades básicas diarias.
La CME participó activamente en las negociaciones intergubernamentales para la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cooperación Fiscal Internacional e instó a los Estados miembros a abordar el abuso fiscal mundial y poner fin a los flujos financieros ilícitos para generar recursos fiscales nacionales más elevados y predecibles para los países en desarrollo. Esta financiación podría garantizar una educación y unos servicios públicos de calidad para todos, lo que constituye la columna vertebral para lograr la justicia de género, económica y social en la vida cotidiana.
En el marco de procesos climáticos como la COP30, hicimos hincapié en que una educación de calidad sobre el cambio climático y la justicia medioambiental son elementos esenciales para la vida cotidiana a fin de proteger a las personas y al planeta. Con 1000 millones de niños que actualmente corren un riesgo extremadamente alto de sufrir los efectos del clima, la educación debe ser un pilar central de las respuestas climáticas mundiales.
En las plataformas humanitarias y los procesos de Educación en Situaciones de Emergencia (EiE), así como durante la Semana de Acción Global por la Educación 2025, el movimiento reiteró que la educación salva vidas, ya que es una fuente de estabilidad, protección y esperanza para las comunidades afectadas por conflictos, desastres y desplazamientos. Sin embargo, la financiación de la EiE representa sistemáticamente menos del 3 % de la ayuda humanitaria, a pesar del aumento de las necesidades y de la cifra récord de 43 millones de niños desplazados por conflictos y crisis.
En todos estos espacios, destacamos el papel fundamental de la educación para lograr la igualdad de género y reafirmamos que solo un enfoque educativo transformador en materia de género puede desmantelar las normas discriminatorias, abordar la violencia de género y ampliar las oportunidades vitales de las niñas, las mujeres y los alumnos de género diverso.
Sin embargo, no todas las formas de educación pueden lograrlo. Para lograr una verdadera transformación, la educación debe estar firmemente arraigada en una perspectiva de derechos humanos. Debe ayudar a los alumnos a desarrollar habilidades de pensamiento crítico, fomentar la solidaridad y promover la coexistencia pacífica.
La educación permite a las personas comprender sus derechos, participar activamente en la sociedad y desarrollar los valores que refuerzan nuestra humanidad colectiva. Sirve como un medio continuo tanto de empoderamiento como de desarrollo humano.
Defender el derecho a la educación es defender la dignidad humana misma.
Garantizar la educación pública para todos es garantizar la humanidad, la solidaridad y la justicia.