Por Refat Sabbah, presidente de la Campaña Mundial por la Educación y miembro del Comité Directivo de Alto Nivel del ODS 4
Al reflexionar sobre los avances hacia el ODS 4, los cinco años que quedan hasta 2030 y la visión que debe guiarnos más allá, es importante recordar que la sociedad civil y los movimientos educativos siempre han aspirado a algo más que registrar cifras o celebrar porcentajes. Nuestra ambición ha sido crear una sensación de seguridad y dignidad para millones de niños y jóvenes que están a punto de quedarse atrás, aquellos que han sido empujados a los márgenes del mundo, no por elección propia, sino porque su vulnerabilidad ha sido provocada por decisiones políticas.
La justicia en la educación no puede limitarse a las estrechas fronteras nacionales. Debe defenderse como un compromiso global, especialmente por parte de las naciones ricas, que no pueden hacer la vista gorda ante sus responsabilidades hacia los estudiantes marginados del Sur Global. Estas responsabilidades incluyen protegerlos de los conflictos y desastres y resguardarlos de la explotación por parte de sistemas depredadores que prosperan con las ganancias mientras evaden sus obligaciones fiscales a expensas del futuro de los niños.
En el centro de nuestra visión se encuentran los docentes. Afirmamos esto con claridad y sin vacilación: ninguna reforma educativa puede tener éxito a menos que los docentes sean respetados, apoyados y se sientan seguros. Son la piedra angular de cualquier transformación justa y sostenible.
A medida que nos acercamos a 2030, reconocemos que se han logrado avances. Las tasas de matriculación han aumentado, los esfuerzos por mejorar la calidad han cobrado impulso y se han dado pasos notables para integrar la tecnología y el aprendizaje digital. Sin embargo, estos avances siguen siendo desiguales.
En lo que respecta a la financiación de la educación, aún queda un largo camino por recorrer. A pesar de los esfuerzos de importantes iniciativas como Education Cannot Wait y la Alianza Mundial para la Educación, ningún avance ha estado a la altura de la magnitud de la crisis, especialmente en contextos frágiles y marginados. Los países de ingresos bajos y medios-bajos se enfrentan a un déficit de financiación anual de al menos 97 000 millones de dólares para alcanzar los objetivos del ODS 4 para 2030, y muchas de las naciones más pobres siguen dependiendo en gran medida del apoyo externo.
Mientras tanto, la ayuda oficial al desarrollo (AOD) para la educación ha ido disminuyendo, al tiempo que el gasto militar mundial se dispara, alcanzando un máximo histórico de 2,44 billones de dólares en 2023, lo que supone un aumento del 6,8 % con respecto al año anterior. Este marcado desequilibrio es profundamente injusto: incluso una fracción de los recursos militares podría transformar los sistemas de educación pública en todo el mundo. Al mismo tiempo, los ingresos perdidos por la evasión fiscal podrían emplear a millones de profesores y construir miles de escuelas. La brecha entre lo que está disponible y lo que se destina a la educación revela un profundo defecto en nuestras prioridades colectivas.
En tiempos de crisis y conflicto, la educación se ha tratado con demasiada frecuencia como algo secundario al socorro inmediato, sin tener en cuenta su papel fundamental en la recuperación y la resiliencia. Todavía no está suficientemente integrada en las respuestas de emergencia, como si fuera un lujo en lugar de un derecho.
La educación no puede separarse de los objetivos más amplios del desarrollo y la justicia. Está indisolublemente ligada a la erradicación de la pobreza y el hambre, la garantía de la salud y la igualdad, la lucha contra el cambio climático, la prevención de guerras y la defensa de los derechos humanos. La educación es el núcleo del nuevo contrato social mundial, el que debe protegernos de caer en la barbarie o justificar la violencia bajo falsas nociones de legalidad o moralidad.
Esto requiere redefinir los conceptos que dan forma a nuestra visión de la educación, entre los que destaca el concepto mismo de ser humano. Sin una comprensión clara y fundamentada de lo que significa ser humano y de los derechos que ello conlleva, seguiremos atrapados en ciclos de racismo, exclusión y justificación moral de la violencia bajo consignas engañosas.
La visión propuesta pretende contribuir a un nuevo contrato social para la educación, redefiniéndola como una empresa profundamente humana y basada en valores, intrínsecamente vinculada al pleno reconocimiento de la dignidad y los derechos humanos, y no solo a la utilidad económica. La educación no debe ser neutral ni estar separada de la política y la sociedad. Debe ser una herramienta para formar una conciencia crítica, resistir el autoritarismo, el odio y la violencia, y promover la justicia, la solidaridad y la responsabilidad medioambiental. La visión responsabiliza a los sistemas actuales por no responder a la crisis climática y por descuidar los valores morales y democráticos bajo el dominio de las políticas neoliberales.
En un momento de auge del populismo y de declive de la confianza en las instituciones democráticas, la visión afirma que la educación debe liberar la conciencia y formar individuos activos y responsables, capaces de generar un cambio positivo. Hace hincapié en el aprendizaje permanente, las vías profesionales, la eliminación de las barreras estructurales para los grupos marginados —especialmente las mujeres, las niñas y los refugiados— y el empoderamiento de los docentes mediante la formación y el reconocimiento.
Por último, la visión critica la reducción de la educación a la preparación para el mercado laboral a expensas del desarrollo humano integral. Esto ha marginado las humanidades y ha despojado a la educación de sus dimensiones éticas y espirituales. Lo que se necesita son planes de estudio que restablezcan el equilibrio entre las habilidades técnicas y los valores morales, fomenten el pensamiento crítico y ayuden a los alumnos a comprenderse a sí mismos, sus relaciones con los demás y su lugar en el mundo.
Descargo de responsabilidad: Esta sección del blog presenta las opiniones e ideas de los miembros del Comité Directivo de Alto Nivel del ODS 4 y otros socios educativos sobre la transformación de la educación y el liderazgo del ODS 4. Las opiniones expresadas son exclusivamente de los autores.
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